A pesar del raro comportamiento de Vanessa, yo seguí a lo
mío y Lee a lo suyo. Ya era, como según había definido Lee, “El gran día”- yo
en cambio, lo había definido como “El gran suplicio”.- No sé si debía estar
nerviosa o no, pero he de reconocer que a lo largo de toda la mañana me fui poniendo cada vez más y más inquieta,
puede que sea porque Ness y Lee trataban mi “Gran suplicio” como si fuera una
cita, algo que claramente no era, o puede que sea también porque Luke no había aparecido
en todo el día. En un alumno normal esto sería un hecho insignificante, pero en
Luke, que nunca (pero nunca, nunca) faltaba a una clase, era algo así como un
acontecimiento histórico, único, de estos que merecen ser escritos y dejarlos
para la posteridad.
Cerré la puerta de mi taquilla de un portazo y caminé hacia
la salida del instituto para respirar de una vez por todas, algo de libertad.
-Hola.- Dijo una voz aguda a mi derecha.
-Hola Holly.- A pesar de que claramente Holly quería mantener
una conversación conmigo, yo apresuré mi paso hasta que, cansada de que me
siguiera le espeté.- ¿Qué quieres?
-¿Por qué iba a querer algo?- Y fingiendo inocencia se
retiró con elegancia un mechón de pelo que caía sobre sus grandes ojos azules.
Levanté las cejas con suspicacia y en seguida dejó de
aparentar esa irritante inocencia.
-¿Sabes algo de Luke?
A pesar de que mi primer instinto fue preguntarle “¿Y a ti
qué te importa Luke?”. Me tragué mi orgullo. No puedo negar que también se me
pasó por la cabeza preguntarle si Luke estaba con ella, es decir, hace poco
estaba con Helen ¿No?, claro que no niego, que Luke puede estar con la cantidad
de mujeres (Necesitadas de un cerebro) que le dé la gana. ¿Por qué? Fácil, porque
puede, o eso cree él.
-No.- Seguí caminando.- ¿Por qué iba a saberlo?- Me regañe
mentalmente. Debí haberme callado, así Holly y yo no tendríamos seguir hablando.
Me escudé en que Holly sabe sonsacar bien información, al fin y al cabo, es la
directora del periódico de la escuela.
-Últimamente se os ve muy juntos.
-Somos compañeros de pupitre. Nos obligan a estar juntos.-
Al fin llegué a la biblioteca.- Adiós Holly.
-¿Si sabes algo de Luke me lo dirás?
Claramente no.
-Sí, claro. Adiós Holly.- Repetí.
Llevaba ya dos horas haciendo el trabajo en la biblioteca,
yo sola. No había ni rastro de Luke, y para qué mentir, estaba preocupada. Miré
el teléfono por vigésima vez, ni una llamada, un mensaje… nada.
Cogí el bolígrafo y continué con lo mío. Cada vez la cabeza
me daba más vueltas, apuré el trabajo para terminarlo de una vez por todas.
Salí a la fría noche de Brampton y me abroché los botones de
mi chaqueta hasta arriba. Gracias a dios, en la calle aún había gente aunque
todo sea dicho, aparte de un par de autobuses, el tráfico era escaso.
Escuché el ruido de una moto a mi izquierda, continué andando
como si tal cosa. Pero la moto no se iba… ¿Acaso nadie se estaba fijando en que
estaba siendo perseguida por una moto y su dueño? Me empezaron a sudar las
manos y no paraba de mirar a todos lados, en busca de algo de ayuda. Hasta que
del casco del motero salió una carcajada.
-¿Luke?
-Hola, bebé.
Se quitó el casco, bajó de la moto y se empezó a reír al ver
mi cara de asombro, un asombro que enseguida se convirtió en rabia e
indignación.
-¡No me lo puedo creer! Encima que me das plantón, no mandas
ni un mensaje ni nada. ¿Tú tienes una idea de lo preocupada que estaba? Pues
eso, encima que me das plantón, vienes y me empiezas a perseguir encima de una
moto con el objetivo de asustarme. ¿Te parece normal? A mí no.
-¿Estabas preocupada por mí?- Una sonrisa burlona se asomó
por sus labios. Me golpeé la frente con la mano. De todo lo que dije solo se
fijó en eso.
-No, por ti no. Por nuestro trabajo. ¿Ahora vas de chico
malo con esa moto o cómo va la cosa?
-Esta moto la tengo desde hace dos años, bebé.
-¡Me da igual! Y el cero que vas a tener en este trabajo va
a ser de este año.
En seguida su cara perdió todo el color y la burla de hacía
unos segundos desapareció de su voz.
-No puedes hacerme eso.- Susurró.
-Oh sí, claro que puedo.
-Haré lo que quieras.
El pobre estaba tan desesperado que me entró la risa.
-¿De qué te ríes?- Preguntó, confundido, frunciendo el ceño.
-De ti.- Y comencé a cacarear.- Odiaba esto, odiaba reírme
mucho, entonces mi voz hacía una especie de gallos raros que Ness y yo habíamos
definido como “Cacareos”. – Como no podía ser de otra manera, Luke empezó a reírse
también.
-Entonces… ¿harás lo que quiera?
(Holiiiiwi, ¡aquí tenéis el capítulo 9 de esta pequeña
novela! ¿Qué tal os ha parecido? ¿Qué creéis que pedirá nuestra protagonista “Aún
sin nombre”? ¿Lo hará Luke? En fin…. Ya sabéis, subiré en cuanto pueda. Gracias
por leer. Muchos besos mis pequeños lectores. Ana <3 )
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