Me desplomé en la silla más cercana, las manos me empezaron
a sudar e iba notando como cada vez me faltaba más el aire. Arthur, preocupado,
me empezó a abanicar con una vieja revista de cotilleos.
-Sally,- Le ordenó a nuestra pequeña y pecosa compañera.-
Trae un vaso de agua por favor.
Sally corrió hacia la cocina para volver en menos de lo que
canta un gallo con el vaso de agua. Le dediqué una sonrisa de agradecimiento y
me bebí de un trago el contenido del vaso.
-Vuelvo…al trabajo- Tartamudeó un poco Sally, y rápidamente volvió
al trabajo con la misma eficiencia de siempre.
-¿Qué le pasó?- Pregunté en un hilo de voz.
-Nada grave, un bajón de tensión. Lee está con él.- Me
tranquilizaba Arthur mientras observaba mi rostro con atención, intentando
averiguar qué pasaba por mi desconcertada cabeza.
En seguida tomé una decisión y sacando fuerzas de algún
sitio que desconozco me levanté de la silla.
-Voy para allá.- Dije, decidida.
-¿Cómo piensas ir?- Preguntó con audacia.
-En bus…
-Déjate de tonterías, jamás cogiste un bus- Iba a protestar,
pero me cortó.- Te llevo en coche.- Se dirigió a Sally.- Hey, vengo ahora, la
llevo al hospital. Viene Ness en seguida. ¿Estarás bien?
Sally, desde el otro lado del bar, levantó el dedo gordo en
señal de aprobación y Arthur y yo salimos del local corriendo.
-Wow- Impresionada me senté en el sitio del copilote.- ¡Menudo
coche! ¡Es precioso!
-Gracias. Me lo regaló mi padre por la graduación.
-¿Y tu madre?
-Falleció.- Dijo son
sencillez.
-Lo lamento- Avergonzada trasladé mi mirada a mis manos que se movían
inquietas en mi regazo.
-No pasa nada, no la conocí.- No parecía dolido, simplemente
lo dijo como si estuviera dando constancia de un hecho, con naturalidad.
Arthur, para quitarle hierro al asunto, encendió la radio y
empezó a mover los hombros al ritmo de la música, yo no podía parar de reír.
-Arthur- Dije entre hipidos- Deja de ser tan gay.
Me miró y se rió aún más fuerte.
-Deja tú de ser tan hetero.
-Touché.- Dije, divertida.
Nos reímos juntos el resto del camino, pero paramos en
cuanto el moderno y espléndido edificio se descubrió ante nosotros. El
hospital, tenía una vulgar forma rectangular, pero lo demás no tenía nada de
vulgar, las ventanas eran de aluminio reforzado y las puertas estaban tan
limpias que parecía que eran lavadas continuamente, era imponente.
-¿Sabes la habitación?
-303.
-¿Te espero?
-Por favor… tardaré cinco minutos.
Gran mentira, entre que encontraba el ascensor ya se me
fueron 2 minutos y el haberme perdido por los luminosos e interminables
pasillos del hospital, tampoco me ayudó a ganar tiempo.
-¿Bob?- Llamé a la puerta antes de entrar.
-Hola.- me saludó intentando forzar una sonrisa.
Me senté en la cama y le agarré las manos con cariño.
Contemplé la habitación, sorprendida; una televisión de pantalla plana, bonitas
cortinas a flores, un sofá a burdeos…
-¡Como lo tienen montado!- Exclamé pero rápidamente me
callé, no estaba ahí para ver la fabulosa y alucinante habitación de hospital.-
¿Cómo estás?- Le pregunté con suavidad.
-Bien.- Dijo recolocándose en la cama.- Mala hierba nunca
muere.
-¿Qué te dijo el doctor?- Pregunté con curiosidad.
-Lo típico.- Se quejó molesto. Levanté la ceja y suspiró.-
Comer más sano, hacer deporte, dejar de fumar pero…
-Pero nada, eso es lo que harás. No quiero que nos vuelvas a
dar un susto así, nunca más.- Le reprendí, enfadada.
-Bueno Bob… aquí tengo la Coca-Cola que me pediste y este
paquete de cacahuetes- Entró alegremente Lee por la puerta. En seguida fijó su mirada
en mí y me saludó con un efusivo abrazo.
-Dame eso, tiene que comer sano.- Le quité de la mano la
comida y la bebida y salí pitando de la habitación. No sin antes despedirme de
un confuso Bob.
-Pisa a fondo, Arthur.- Le insistí.- No aguanto más.
-Méate encima.- Me propuso mientras aparcaba con habilidad
enfrente del bar- Mira, ya estamos. Corre al baño.
Entré en el bar como un torbellino, llevándome por delante a
Sally quién intenta decirme algo, pero yo sólo tengo ojos para el váter. Entro
el estrello baño y… mierda, el cubículo está ocupado, observo mi imagen en el
espejo. Por fin se abrió la puerta del cubículo.
-Bebé…-Susurró Luke. ¿Cómo es posible que todo el vello del
cuerpo se me erice con solo oír su voz?
No por primera vez, maldigo el estrecho baño, el cuerpo de
Luke y el mío están pegados.
-¿No piensas salir?
-Me estás tapando la puerta- Una sonrisa torcida apareció en
su rostro.
Me sonrojé y me moví para así poder dejarle salir, y yo
poder entrar en el cubículo. Pero a medio camino, Luke puso su mano en mi
cintura y me arrimó hacia él mientras con la otra se apoyó en la pared. Con
avidez, acercó sus labios a los míos, al principio sentí sorpresa que
lentamente se fue desvaneciendo para
convertirse en pasión y luego dar paso a la realidad. Dios mío. Estoy besando a
Luke.
(Lo primero, lo siento mucho, mucho. Sé que debería haber
subido antes, no pude porque en la playa no tengo ordenador y si no fuera por
una pesada chiquilla, probablemente ni hubiera escrito capítulo allí. Espero
que os haya gustado y haya compensado un poquito la tardanza. Muchos besos mis
pequeños lectores y gracias por leer. Ana <3 )
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