Me encuentro tumbada
en la cama escuchando como otro día más a The Beatles: “Help me if you can, I'm
feeling down And I do appreciate you
being 'round ” me canta
John Lennon en los oídos. Tengo desde que
era pequeña unos gustos muy variados de música pasando por Mozart hasta Green
Day. Recuerdo cuando era una niña y mis padres me decían que la música es
música, que simplemente tiene que llegar a ti, expresar los sentimientos y
emociones en una estrofa, que en una buena canción no tienes que escarbar para
encontrarle el significado, éste llega solo. Esta idea compleja para algunos,
sencilla y coherente para otros, me la inculcó mi padre, quien fue músico allá
por los años 80, supongo que gracias a él sé tocar la guitarra, algo de piano y
su vieja armónica.
De repente, la música procedente de mi móvil se para, deslizo
el dedo por la pantalla para intentar averiguar qué o quién ha sido el causante
de la molesta interrupción. Miro la pantalla y descuelgo.
-¿Si?
-¿Elena Faultkner?
- Dice una voz masculina al otro lado de la línea.
- Si. Soy yo. ¿Ha pasado
algo?
- Tu amiga Debbie, está…
bueno no se encuentra muy bien. ¿Podrías pasar a buscarla?
- Pero….- Escucho pitidos al
otro lado de la línea -Me ha colgado, bravo Lena, hasta los chicos por teléfono
no te hacen ni caso, te vas superando–Me aplaudí a pesar de que sé nadie puede oírme.
Con resentimiento, me calzo
mis viejas converse que alguna vez fueron blancas y me pongo una cazadora. Bajo
al recibidor, y silenciosamente, a sabiendas de que si me pillan mis padres me
va a caer una buena por salir a estas horas de la noche, agarro con agilidad las
llaves y el móvil y me encamino rápidamente hacia la casa de Carrie.
Sé que es la casa correcta
cuando veo a dos chicos en el jardín vomitando y riendo juntos. Con una cara de
desagrado y rezando para poder salir lo antes posible de allí, entro en la casa
cruzando dedos. No me cuesta nada encontrar a Debbie, ya que es la única que se
encuentra sobre el sofá dando saltos y cantando lo que parece una canción del
jardín de la infancia. Con un esfuerzo para mi sobrenatural, me acerco
lentamente hacia ella.
-¡Debbie! ¡Baja de ahí ahora
mismo!
-¡Leniii! ¡Sabía que
vendrías! -Definitivamente Debbie está muy pero que muy borracha, arrastra las
palabras, tiene las mejillas notablemente enrojecidas y se tambalea hacia los
lados.
Sin saber muy bien qué
hacer, subo al sofá para bajarla y poder llevarla a casa de una vez por todas,
aunque sea lo último que haga.
-¡Lena! ¡Déjame!
-¡Debbie! ¡Ven conmigo a
casa ya!
-¡No!
-¡Sí!
-¡Déjame en paz Lena!- Grita
Debbie, con tan mala suerte que con la mano me da en todo el pecho.
Esto solo me pasa a mí, pienso
mientras me preparo para la dolorosa caída que me espera. Pero esta vez caigo
sobre algo seguro, firme. Abro los ojos y me encuentro con un par bonitos y
grandes ojos marrones que me observan divertidos.
-¿Te ayudo?
-Si, por favor - Le ruego.
-Soy Ashton.
-Lena.- digo notando como
mis mejillas van adquiriendo lentamente un leve color rojo.
-Bueno Lena- Dice
animadamente- Vamos a sacar a tu amiga de aquí ¿te parece?
Asiento con la cabeza
tímidamente.
Me gustaría señalar que no
soy una persona especialmente tímida, de hecho, no lo soy, hace ya mucho tiempo
que perdí la dignidad y el orgullo de mil millones de maneras diferentes, pero
ver a Ashton, con sus hoyuelos, su sonrisa fácil y sus ojos marrones, me hacen
parecer insignificante.
Cuando conseguimos, no sin
poco esfuerzo, sacar a Debbie de aquella casa y llevarla a la suya, Ashton se
empeñó en acompañarme a casa, por si me encuentro con un asesino, o eso dice.
-¿Y dices que Oli es tu
mejor amigo?- Me pregunta interesado.
- Si, desde hace ya cinco
años.
OIiver, Oli para los amigos,
es mi guapo mejor amigo, el que me soporta, el que me levanta cuando me caigo,
y lo más importante, el que me acompaña a los conciertos. Pero cuando le hablo
de él a Ashton me da la impresión de que no le cae bien, de que ha pasado algo
que desconozco entre ellos dos.
En cuanto llego a mi habitación, me pongo el pijama, me fijo,
por primera vez, en la nota que se encuentra en el alféizar de mi ventana, la
abro y leo:
“No todo es lo que parece”
Capítulo 3
Un par de traviesos rayos de sol se filtran por las
infantiles cortinas verdes que adornan mi habitación desde hace 10 años. Me
desperezo lentamente, recordando con una sonrisa el breve momento pasado con
aquel chico… Ashton creo que me había dicho que se llama. Dejo que mi mirada
recorra cada una de las familiares esquinas de mi habitación, hasta que se
forma un nudo en la garganta al ver la nota que encontré ayer en mi ventana;
“Nada es lo que parece” obviamente sé lo que la frase en lo que se refiere al
sentido léxico de la oración significa, pero me da la impresión de que la persona que se molestó en escribirme
eso no pretende ni que me ponga a analizar dicha frase ni que le busque, por la
contra un sentido metafórico, simplemente es una sencilla oración que engloba
algo más que pura palabrería, el problema es: ¿A qué se refiere el señor X a
este aviso?
Así me paso la mañana, llegando a la conclusión de que es
una broma pesada de algún gracioso que quería asustarme.
-¡Mamá salgo a ver a Deb!- Le grito cuando ya estoy en la
puerta y la cierro rápidamente sin esperar su respuesta.
Me coloco los cascos y al ritmo de “ A kind of magic” de
Queen, recorro las ya más que conocidas calles que separan su casa de la mía.
Paro en una tienda de gominolas para comprarle sus preciados Lacasitos a Debbie
, quien supuestamente está a dieta desde hace ya tres años, cosa que no
entiendo si tenemos en cuenta que no lo necesita y que apenas la cumple. Yo
intenté hacer una, no duré ni media semana, si encontráis en el comer el mismo
placer que le encuentro yo, lo entenderéis, ya sabéis, ir a una tienda, ver
pipas y esos blanditos Donuts, se te cae la baba, literalmente. Esta vez no fue
diferente, salgo de la colorida tienda
con un paquete de Lacasitos y unas patatas que disfrutaré como si fuera
la última vez que coma en toda mi vida. Apenas he terminado mis patatas cuando
llego a la casa de mi amiga.
-Hola Mrs Nelson- Saludo con una sonrisa.
-¡Hola Lena! ¡Pero que guapa que estás! ¿Qué tal está tu
madre?
- Bien, ya sabe, trabajando como siempre. ¿Está Deb
arriba?
-Pues ya la llamaré. Está en su habitación- Dice a la vez
que me dedica una amable sonrisa.
Recorro el pasillo que lleva a la habitación de Debbie.
Cuando llego a su puerta, respiro hondo y tomo el pomo de la puerta sin saber
que me voy a encontrar esta vez al otro lado de la puerta.
-¿Deb?- Pregunto mientras entro despacio en la
habitación.- ¿Cómo te encuentras?
-Meh- Dice soltando un lastimero suspiro- Me duele mucho
la cabeza, pero para mi gracia o mi desgracia, me acuerdo de todo el ridículo
que hice ayer. Siento haberte dicho lo que te dije, solo pretendías ayudarme y
…
-Ya está olvidado- La corto. Es raro ver a tu mejor amiga
disculparse por una tontería así- Te traje una cosa- Digo cambiando de tema y
pasándole la bolsa de Lacasitos mientras se le iluminan sus grandes ojos a la
vez que coge la bolsa al vuelo.
Me siento en la cama a su lado, apoyando la espalda
contra la pared, como cuando éramos niñas, y le cojo con agilidad un par de
Lacasitos de su bolsa.
-¿Sabes qué?
-¿Qué?- Pregunta girando su cara hacia mí.
-Ayer conocí a un chico….-Digo mientras noto como me van
subiendo los colores a mis mejillas.
-¡¿En serio?! ¿Era guapo?
-Si…-Respondo tan bajito que dudo que ella pueda oírme,
su carcajada me da a entender que me ha oído, mis mejillas no pueden estar más
rojas.- Se llama Ashton…
Su risa para en seguida. Me están preocupando estos
cambios tan drásticos de humor que está teniendo estos días, normalmente suelen ser más propios de mí que de ella.
-Ashton… ¿Pelo castaño y ondulado? ¿Dos hoyuelos en las
mejillas? ¿Grandes ojos marrones?- Dice con el ceño fruncido y yo asiento- No
te conviene Lena. De todos modos, siento decírtelo Len, pero… ayer pasó la
noche con Sophie, me lo mencionó Rachael esta mañana.
Sophie… la innombrable de mi vecina. Hubo una época en la
que éramos amigas, pero nuestros gustos cambiaron, yo me interesé más por los
libros y ella… por la anatomía masculina.
-Asi que… Ashton sólo me acompañó a casa… ¿para acercarse
a Sophie?- Digo notando como en mi estómago se forma un nudo.
-Lo siento Lena.- Dice mirándome con cara de pena y
abrazándome de lado.
-No, no pasa nada, no me gusta, lo conozco de ayer- Digo
mientras fuerzo una sonrisa, pero sé que esta vez no va a colar- Está todo
bien, en serio, todo bien.
(Bueno este capítulo ya ha
sido algo más largo, para compensar el de ayer. Espero que os haya gustado. ¿Qué
pensáis de Ashton? ¿Y de la nota? ¿Tendrá algo que ver con Ashton o con sus
padres? Bueno, deciros que me encantaría que comentarais, eso es una motivación
extra para mi, para seguir con la historia de Lena. Espero mejorar para los
siguientes capítulos. Muchos besos mis pequeños y de momento inexistentes
lectores. Ana <3)