-¿Qué vamos a hacer?- Recorrí la estancia recreándome en el
mínimo detalle, al fin y al cabo era una parte de Luke y siempre era tan
enigmático que aquel pequeño trozo de él significaba bastante, y ambos lo
sabíamos.
-Lo que quieras, Bebé.
-¿Me llamarás así toda la vida?
-Toda la vidita.
Me eché a reír contagiándole a él. Podría reírme todo el día
si tengo garantizado que él me hará los coros con la suya.
-¿Jugamos al parchís?- Localicé el juego en una estantería
del salón.
-¿Hablas en serio? –Le miré de forma interrogante.- ¿Tienes
la suerte de estar con el tío que está
más bueno del instituto y te
pones a jugar al parchís?
Reí divertida ante su ataque de arrogancia.
-Punto uno: No eres el tipo que está más bueno del
instituto. Punto dos: El que aquí tiene la suerte eres tú, monada. Punto tres:
Quiero jugar al parchís.
Cogí el parchís dispuesta a jugar, pero mis planes se
truncaron cuando vi, lo que había detrás del parchís.
-¡Oh Dios mío!- Chillé.- ¡Tienes la oca! ¡Amo este juego!
¡Tenemos que jugar a la oca! – Empecé a corretear alrededor de Luke con el juego
en las manos, quien puso mala cara así que como compensación me acerqué y le di
un leve beso en los labios.
-¡De oca a oca y tiro porque me toca!- Gritó Luke, cabe
añadir que estaba casi más emocionado que yo.
Tiró el dado y cerré los ojos, rezando para que el dado no
le regalara el número tres. Al no escuchar ningún grito abrí lentamente los
ojos, craso error. En cuanto Luke me vio, se levantó de la silla y empezó a
bailar por todo el cuarto. No me lo puedo creer. Perdí a la oca, yo.
-Puede que empiece a gustarme este juego.- Bromeó él. No me
reí, lo que hizo que él si lo hiciera.
Se sentó en el sofá y yo lo imité, no obstante me senté en
la mullida alfombra mas no por mucho
tiempo ya que Luke tiró de mí y me sentó en su regazo con una habilidad
impresionante quedando mis piernas a cada lado de las suyas. Le miré a los
ojos, azules como el mismo océano, enmarcados por unas gruesas pestañas -apostaría
un riñón a que eran más gruesas y largas que las mías- y me perdí en ellos,
como quien se pierde en una isla o en un laberinto. Los ojos de Luke deberían considerarse un peligro para la
humanidad, a la gente de ojos tan bonitos deberían obligarles a ponerse gafas.
¿Cómo es que nunca antes…
Esa frase se borró para siempre, tanto de mi memoria como de
mis labios, al sentir los suyos jugando delicadamente con los míos. El piercing
en el labio de Luke estaba lejos de sentirse mal, mis labios estaban tan
calientes y tan hinchados que notar el piercing contra ellos era un alivio
sintomático.
-Luke…- Susurré contra sus labios.
En ese momento, Luke aprovechó que había abierto la boca
para abrazar a mi lengua con la suya. La reacción que me provocó y los
sentimientos que se combinaron en mi interior me dejaron abrumada, nunca antes
había experimentado esa mezcla de deseo, afecto, amor y tanta plenitud, porque eso es, me sentía plena.
No tardé ni tres segundos en seguirle el beso. Mis manos estaban en la curva
entre su cuello y su cara, mientras tanto, las suyas estaban en mi cintura,
ambos intentándonos acercar más de lo que podíamos.
En cierto momento comenzó a sobrar la ropa, mis inexpertas
manos le despojaron de la camiseta con torpeza. Él, con bastante más destreza
que yo, hizo lo mismo con la mía, que acabó en el lugar más alejado de la sala.
Me tapé el cuerpo con las manos en un arranque de timidez. Luke negó con la
cabeza y con un suave “No lo hagas” retiró las manos y me besó, de nuevo.
De repente Luke me cogió en brazos y rodeé su cintura con
mis piernas para no caerme y, sin dejar de besarnos me tumbó lentamente en la
cama. Recorrió con sus manos mi cuerpo, con suavidad y delicadeza. En seguida
llegó al botón de mis pantalones.
-¿Estás segura?
Como era tarea imposible formular cualquier palabra de forma
coherente le respondí de manera gráfica,
quitándole a él los pantalones y la ropa interior. Él me acarició la mejilla
con ternura y me imitó, quedando así los dos total y absolutamente desnudos. Y
formuló lo que yo siempre llamé como “La Pregunta”.
-¿Primera vez?
¿Y ahora que le digo? Si le digo que sí, a lo mejor piensa
que soy una mojigata y no quiere volver a verme y si le digo que no, piensa que
soy una zorra que se acuesta con cualquiera. No podría estimar cuanto tiempo pasé
buscando la respuesta correcta, sólo sé que estaba tarando demasiado por la mirada que me echó Luke. Seguro que se
estaba dudando de mis capacidades intelectuales. Así que respondí la verdad.
-Si.- Susurré.
-No te puedo prometer que no te dolerá, pero en cuanto te
duela, aprieta mi mano.- Me dio su mano izquierda mientras con la otra se ponía
el preservativo.
-¿Preparada?
(Chan, chan… ¿Qué pasará? No lo sabremos hasta el próximo
capítulo. Jesús que novelero me salió eso. En fin, perdonadme por la falta de
romanticismo, pero como sabéis es mi primera escena de este estilo, de igual
manera espero que os haya gustado. ¿Pensáis que Bebé, se va a echar atrás?
¿Cómo terminará esta pareja al terminar la “Fiesta” ? ¿Qué pensáis de este
capítulo? Muchos besos mis pequeños lectores. Gracias por leer. Hasta pronto.
Ana <3 )