-¡Luke!-Llamé.
-Dime.
Luke estaba sentado en el sofá del salón de mi casa, para
ser exactos en MI parte del sofá. La historia de mi parte de sofá es famosa en
toda mi familia; cuando tenía 4 años se me cayó el trozo de mi tarta favorita
encima, a los seis me hice pis encima (obviamente de manera involuntaria) a los
diez lo manché de pintauñas (quería saber si podía cambiarlo), a los 12 fue
manchado por mi primera menstruación y a
los 15 me dieron a probar champagne y como no me gustó lo escupí, adivinad en
dónde.
-Fuera de mi parte del sofá. Ya.
Mi voz debió sonar más amenazante de lo que pensaba porque
para mi sorpresa, Luke se levantó sin oponerse lo más mínimo. Me senté en mi
parte del sofá y empecé a establecer las pequeñas normas que había en esta casa.
Luke me miraba, sonriente. Me miré en el espejo que tenía enfrente por si tenía
algo en la cara; no vi nada fuera de su lugar.
-¿Qué?
-Nada,- Luke me instó a continuar hablando.
-Ya está todo.- Dije levantándome del sofá y sacudiéndome inútilmente
los pantalones.- Esas son las normas básicas.
-Pues me has fastidiado, yo que tenía pensado abrir la
puerta de tu habitación sin llamar… Ya sabes, a ver si había suerte.- Me guiñó
un ojo.
Abrí los ojos con sorpresa en cuanto entendí la insinuación,
en seguida el color rojo tomó control de mi rostro.
-¡Lo que quieres es verme en paños menores!
Una carcajada se escapó de los labios del chico de pelo
rubio, luego otra y otra… hasta acabar llorando de la risa. Me quedé embobada
escuchando ese melódico sonido hasta que entendí que se estaba riendo de mí. Me
crucé de brazos ofendida. Mi cuerpo no está tan mal ¿no? Sé que no soy una
modelo de Victoria Secret, ni de Zara, de ningún sitio pero no es para
infravalorarme tanto. Caminé a través de la habitación enfadada queriendo
llegar a mi habitación de una vez y mandar a Luke a plantar rábanos.
-¡Espera!
Luke ya había llegado a mi lado e intentaba agarrar mi mano.
-Déjame.- Intenté en vano liberar mi muñeca de su brazo.
-No me reía de ti.- Se explicó mientras cada vez me acercaba
más a él.- La expresión paños menores es graciosa. ¿Pensabas que no querría verte
en paños menores?
Se me escapó una risita al darme cuenta de que la palabra en
los labios de Luke sonaba totalmente ridícula. Luke rió conmigo.
-Anda, ve a vestirte.
Dejó un beso sobre mi nariz y colocó una mano en la parte
baja de mi espalda para empujarme suave pero firmemente en dirección a mi
habitación.
Como mala representante del género femenino que soy tardé
menos de un cuarto de hora en ducharme y ataviarme con mis inseparables
vaqueros combinándolos con una camiseta básica blanca con escote redondo. Mejor
ir sobre seguro, mis experimentos conjuntando ropa jamás de los jamases
salieron bien.
Mientras caminaba por el pasillo me iba pellizcando las
mejillas para darles un poco de color.
-¿Qué haces?
-Me picaban un poco las mejillas.- Y repetí la acción ante
incrédula cara del chico.- ¿Vamos?
-Vamos.
Me pasó el brazo sobre los hombros y salimos de casa el uno
pegado al otro. Apoyé mi nariz en su pecho y aspiré su aroma, sonreí al
reconocerlo “One Million” de Paco Rabanne.
Anduvimos un buen trecho, lo suficiente para que ya no
hubiera edificios sólo pequeñas casas. Nos paramos en una parada de bus y nos
sentamos en el suelo.
-Luke… ¿Qué estamos haciendo?
-Esperar al bus.- Dijo con simpleza.
-Si no te conociera pensaría que me intentas matar.- Me
coloqué un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Quién sabe. ¿Sabes
que ese árbol vino de América?- Señaló una mimosa- Antiguamente se pensaba que
era una planta sagrada, símbolo de la resurrección y mortalidad. Dice la
leyenda que la madera en la que murió Jesucristo procede de este árbol.
Un brillo especial cubrió sus ojos, se le veía tan contento
compartiendo y explicando su saber conmigo que no me atreví a decirle que
conocía esa leyenda que mi abuelo me la contada todas las navidades. Es que explicaba
todo de una manera tan pasional y racional que era imposible pararlo, tampoco
quería. Hizo que me diera cuenta de que ese es el verdadero Luke, no el motero
ni el pasota ése es mi Luke, bueno, no literalmente.
-Ahí viene el bus.- Me avisó.
Nos levantamos juntos del suelo. Luke se subió al bus
primero para luego extender su mano para tirar de mí. Posó sus labios en mi oreja.
-¿Preparada?- Susurró.
-Preparada.
(Siento la tardanza peeero ya tengo ordenador así que podré
subir ya con mayor frecuencia. Ojalá os haya gustado este capítulo número 15.
¿Qué tal de vacaciones? ¿Todo bien? Espero que así sea. Muchos besos mis
pequeños lectores y gracias de nuevo por leer. Nos vemos. Ana <3 )
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