Observé a Luke saludar a sus amigos con un pequeño golpe en
el hombro, instintivamente, dirigí mi mirada hacia mis amigas que caminaban ya
hacia la salida del colegio.
-Creo que voy a pedir que me cambien de sitio.
-Tú eres tonta…. Pagaría por estar ahí, en cambio tengo a la
insoportable de Holly. “No entiendo esto” “¿Por qué dos y dos son cuatro?”-La
imitó Vanessa, pobremente, con una desagradable voz chillona, parecida a la de
Holly.
-Yo tengo a Demon el cara-rata, no te quejes.- Anunció Lee.
-Eso es el Karma, por intentar liarme con el- Me burlé
felizmente hasta que recordé quién era mi compañero.- De todas maneras, ninguna
tenéis un compañero que cada cosa que dice el profesor levanta la mano. Sabe
todo. – Me tapé la boca con la mano. Dios mío, acabo de sonar como una groupie.
-Acabas de sonar exactamente como una groupie.- Me acusó,
divertida, Lee con el dedo.
-Bah.
-De todos modos, yo te veo futuro con Demon.
-Si ¿verdad? Tanto como Luke y tú.
Me está bien, por ser mala persona. Y así, entre broma y
broma llegamos a nuestro lugar de trabajo. Un pequeño pub de tarde, tenía un
toque irlandés, pero muy sofisticado. Según entrabas, había una pequeña sala,
toda de madera, con una barra, de madera también, a la derecha y a la
izquierda, subiendo un par de escalones, se encontraban las mesas y las sillas,
haciendo juego con el resto del local. Bob, el dueño, un hombre grande y gordo,
tenía una calva que relucía más que la bola de cristal de cualquier mago, Ness,
Lee y yo, siempre bromeábamos con él sobre el tema.
-Ya estáis aquí chicas.- Dijo alterado secándose la calva,
perlada del sudor, con un pañuelo algo ajado por el paso de los años.- Poneros
vuestros uniformes y a trabajar. Hoy han organizado una cena para un grupo de
personas bastante grande, así que, hay trabajo para rato.
No os penséis nada raro, el uniforme ni era una falda corta,
ni nada provocativo, de hecho, era de lo más normal que os podéis encontrar.
Consistía en unos pantalones negros que nos caían a todas por nuestra escasa
falta de caderas, y una hortera camiseta azul celeste con el logo del Pub en
naranja con la talla XXL de hombre, en definitiva, Bob no se gastó mucho dinero
en el diseño de nuestro uniformes.
Como no pudo ser de otra manera trabajamos duro, incluso, a
pesar de que no estaba en nuestro contrato, ayudamos a Bob a cocinar sus
preciadas hamburguesas de toro y de postre los riquísimos profiteroles.
-Esto está de rechupete Bob.- Dije cogiendo un profiterol
con nata por encima y recibiendo una mirada de reproche de Bob.
-Te agradecería que dejaras de comer, esto no es para ti.
-Solo estaba comprobando que no estaba envenenado.- Me
disculpé con una sonrisa.
-Chicas. – Bob dio dos palmadas en el aire y todas nos reunimos alrededor de él.- Estoy muy
orgulloso de vosotras, muchas gracias por echarme una mano y… bien, eso es
todo.
-Oh Bobbie.- Lo abrazó Lee con cariño.
Ness, por su parte, cogió una cuchara, y usándola como
micrófono, empezó a cantar lo que ella denominó “Ayuda a Bob”
“Somos artistas,
somos guerreras
Ante todo, somos
camareras,
Si quieres ser
buena, ayuda a Bob,
Él te lo agradecerá
con un profiterol
Ayuda a Bob.
Él es el mejor”
No podía parar de reír con la ridícula canción, yo la
animaba haciendo percusión con un cucharón y una cacerola, intentado seguir el
ritmo.
En menos de lo que canta un gallo, entraron los invitados.
-No puede ser.- Dije con un hilo de voz.
-¿Quién está ahí?- La voz de Lee reflejaba preocupación.
-Mis padres, y no saben que trabajo, madre mía, me la voy a cargar.
-Hey, mírame, sal por la puerta trasera, yo te cubro, no te
preocupes. ¡Corre!- Le obsequié con una sonrisa agradecida a Lee y salí como
alma que lleva al diablo por la puerta de atrás del recinto.
En cuanto abrí la puerta y salí al exterior mis pulsaciones
volvieron a la normalidad y pude volver a respirar con tranquilidad. Ya se
había hecho de noche y empezaba a hacer frío, las sombras se hacían cada vez
más siniestras y yo cada vez tenía más miedo. Empecé a andar en dirección a mi
casa por la silenciosa calle con los
cinco sentidos en alerta. De repente empecé a escuchar pasos a mis espaldas,
aceleré el paso, pero seguía notando la desagradable sensación de que alguien
me seguía.
-¿Bebé?
En seguida supe quién era, ¿quién me llamaría así sino?
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