Lo cierto es que nunca pensé en enamorarme. Estaba en esa
época en la que lo único que quieres es disfrutar, estar con tus amigas, chicos
fuera. Realmente nunca tuve mucho éxito con los chicos, no me fiaba de ellos, al
contrario que mi amiga Amanda, que tenía uno diferente para cada mes del año, algo
natural, una chica castaña como yo, que lo único asombroso que tenía eran mis
ojos azules, no tenía nada que hacer al lado de una chica como ella, una
clásica nórdica. Claro que le gusté a algún que otro chico, pero ninguno de mi
interés, todos eran bajos y emitían voces con tantos tonos que parecían gatas
en celo, realmente daba la sensación de que esos gallos perdurarían por
siempre. Respecto a este tema; me consideraba prácticamente imbesada, solo me
había besado con Robbie Reynols, un curso mayor que yo, pero eso no cuenta ya
que me había caído encima de él cuando corría hacia clases, salvo esta leve y
ridícula experiencia, seguía totalmente
imbesada; claro que mis amigas, ejerciendo como solo ellas sabían el papel de “Buena
y comprensiva amiga que solo le importa tu bienestar” me habían buscado a
varios ligues, cada cual peor, pasando por Demon el cara-rata y llegando hasta
James, el adicto a la informática, creo que en la cita que tuvimos acabé
sabiendo más de ordenadores que mi profesor de informática Paul.
Ahora, echo la vista atrás y recuerdo con
cariño aquella etapa, aunque, para qué negarlo, la adolescencia siempre me ha
parecido la etapa más dura de la vida; cambios hormonales bruscos, depresiones,
inseguridades… la mayoría de ellas eran infundadas, pero estaban ahí.
Jamás olvidaré el día en que llegó al colegio, con sus
vaqueros ajustados, una camisa de un viejo y perdido grupo de Rock y el pelo
rubio retirado hacia atrás. Como ya dije antes, nunca fui de las que babeaban
por chicos, pero esta vez, como la mayor parte del sector femenino de mi
instituto, caí en los encantos de aquel joven de pelo rubio y ojos
inquietantemente azules. Al principio no me llamó la atención, era callado y
observador, algunas veces se mordía el piercing del labio con nerviosismo. Durante
un mes más o menos me encapriché de él de la manera más absurda posible y
supongo que como todo lo bueno se acaba, abrí los ojos y simplemente lo empecé a
ignorar, como básicamente hacía él conmigo.
Recuerdo también, que
era uno de los chicos más inteligentes y cultos que había conocido jamás, yo
tampoco es que fuera una mala alumna, notable tirando a alto, pero me
impresionó la cantidad de cosas que sabía. Como no podía ser de otra manera, el
chico desprendía arrogancia allá por donde pasaba, nos dirigía su mirada azul
con escepticismo y seguía su camino por los anchos pasillos del instituto, con
la cabeza bien erguida, aunque he de decir, que era innecesario, ya que era con
creces el más alto de mi curso.
En seguida, rumores de todo tipo comenzaron a circular por
el colegio; que era hijo de un gran empresario y había estado estudiando en
Siberia, Estambul y New York; que era el ahijado perdido de Jennifer Aniston…
Yo, de aquellas, una chica sencilla que se había mudado hacía tres años a este
pequeño pueblo inglés llamado Brampton, con un grupo bastante sólido de amigas,
no tardé demasiado en desenamorarme y olvidarme del chico.
Todo comenzó el día que me pusieron con él para compartir
pupitre.
-Bueno chicos, creo que deberíamos empezar a conocernos un
poco mejor.- Ya el comienzo del habitual discursito de Paul (si, el profesor de
Informática), mi tutor de este año, me dio mala espina, pero sin duda no me
esperaba lo que iba a decir a continuación.- Vais a apuntar en un papel 6
preguntas y se las haréis al compañero que tenéis al lado, al fin y al cabo,
estaréis juntos todo el curso.
Y con una afable sonrisa se colocó las gafas que se estaban
resbalando por la punta de la nariz y se sentó en la vieja silla para después
observarnos con fingida tención. Miré a mi compañero que ya estaba escribiendo
en una hoja blanca de papel, con un suspiro, resignada a mi suerte, comencé a
escribirle las preguntas.
Al cabo de 5 minutos, ambos tenemos las preguntas preparadas
y como veo que no hay indicios de que vaya a hablar, empiezo yo.
-¿Cómo te llamas?
-¿No sabes cómo me llamo?
-Si lo supiera, ¿Te lo preguntaría?- Está claro que el chico
no es tan listo como nos quiere hacer creer.
-Luke, me llamo Luke.- Puedo notar algo de molestia en su
voz. Empezamos bien.
-Te toca.
-¿Qué opinas sobre la encarcelación del viejo sindicalista
Chase Newman?
Noto como mi boca se abre en forma de O. Dios mío, este tío
es un friki.
-¿Que es injusta?- Medio pregunté medio afirmé. No debió de
gustarle mucho mi respuesta, teniendo en cuenta la mueca de desagrado que puso.
Algo me dice que esta clase va a ser muuuy larga.
(Espero que os haya gustado el primer capítulo de
#LookAfterYou. ¿Qué pensáis de Luke? ¿Creéis que la clase va a ser tan larga? ¿Cuál
es vuestra opinión de la protagonista? ¿Qué os ha parecido? Bueno, simplemente
espero que os haya gustado, muchas gracias por leer. Muchos besos mis pequeños
lectores. Ana <3)
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