Capítulo 4
De camino a casa, no paro de pensar en cómo mi vida está
volviendo a ser un auténtico caos, justo cuando estaba levantándome, vuelvo a
caer, y cada vez más fuerte. Miro al oscuro y nuboso cielo con melancolía,
pensando en mi niñez, en aquella niña inocente, sin una sola preocupación,
corriendo por el parque, teniendo fe en personas que ni siquiera se lo
merecían, pero no importaba, mi mayor preocupación era si mamá me reñiría si
llegaba muy manchada a casa, mi mayor logro era meterle un gol a Oli y el mejor
premio unas galletas de la abuela. ¿Dónde quedó eso? ¿Y esa niña alegre? Me
encantaría volver ahí, necesito volver ahí. Un par de caprichosas gotas de
lluvia me caen sobre el rostro y me doy cuenta que he comenzado a llorar, de
que no puedo más, no sé cómo seguir ni tengo una razón para hacerlo.
-Lena?- Dice una conocida voz a mis espaldas- ¿Qué haces
a estas horas de la noche tu sola por la calle?
No me giro cuando le contesto, no quiero que me vea
llorar. No tengo ni idea del porqué, pero desde que llegué a la adolescencia,
me cerré, dejé de expresar mis emociones y sentimientos y ahora me avergüenza
hacerlo, no de un día para otro, fue cuestión de meses en los que creé mi
burbuja personal que me ayudaría a defenderme, la cual cuando llegó el momento
de hacerlo me abandonó, aún así, esta burbuja sigue conmigo y me ha convertido en una inepta para temas
sociales.
-Vengo de casa de Debbie. Ya me voy para mi casa ahora.
Nos vemos en clase mañana.
-¿Estás llorando?
“Mierda.” Noto como una mano me agarra de la muñeca y me
coloca en frente suya. Bajo la cabeza intentando inútilmente ocultar mis ojos
rojos. No cuela.
-¡Oh Lena!- Exclama con pesar mientras se sienta en un
banco y me coloca sobre él.- Todo va a estar bien. ¿Qué ha pasado? ¿Te han
hecho algo?
Miro a los límpidos ojos azules de mi amigo. Puedo ver en
ellos su preocupación y sé que puedo confiar en él, que siempre ha estado y
siempre va a estar ahí, porque eso es lo que hacemos nosotros, nos animamos y
nos levantamos mutuamente.
-No sé - Digo con sinceridad. Al ver su ceño fruncido en
su bonito rostro se lo aclaro.- Venía pensando en mi infancia y en que era
feliz…
-No te permito que pienses así, somos humanos y vamos
creciendo, eso supone tener mayores preocupaciones, mayores retos y mejores experiencias.
Esto no es peor ni mejor. Lena, el mundo gira, y nosotros tenemos que girar con
él sin dejar que nos manipule por completo. Tenemos solo una vida y hay que
vivir cada momento, incluso este pequeño tiempo solo nuestro a pesar de que no
sea el mejor que hemos tenido. No puedes permitir que un pasado, más o menos
feliz, dirija tu vida, tienes que ser feliz como puedas.
-Vaya Oli…- Digo asombrada y con una sonrisa asomando por
mis labios mientras él me acuna contra su pecho- No me acordaba de esa capacidad
tuya de palabra ¿Vas para presidente entonces?- Bromeo.
Noto su pecho vibrar y sé que está riendo. Levanto la
cabeza y lo veo echar la cabeza hacia atrás riendo igual que cuando era
niño y me permito escuchar su risa y me
río con él.
-Valgo más para psicólogo.
-¡Acabarías hablando tú más que el propio cliente!-
Exclamo picándole.
-Y suerte que tendrían….-Me sigue la broma- Venga mocosa-
Dice recurriendo a mi viejo mote.- Vámonos a casa.
Vamos todo el camino bromeando y jugando, permitiéndonos
volver a sentirnos como críos una última vez. Al cabo de unos 10 minutos ya nos
encontramos en la puerta de mi casa.
-Quédate a dormir- Le suplico
-No sé yo Lena…- Al ver que mi labio comienza a temblar
de nuevo rectifica rápidamente.- Está bien.
Dejo las cosas en la entrada y subimos a la habitación
despacio, intentando no despertar a mis padres. Lo dejo en la habitación
cambiándose y me cambio en el baño. Lentamente y con los ojos tapados entro en
la habitación.
-¿Los puedo abrir?- Digo refiriéndome a los ojos.
-Puedes abrirlos.- Le hago caso y no puedo evitar soltar
una risita al verlo con la vieja camiseta de propaganda que pertenece a mi
padre- Caray mocosa. ¿Has crecido eh?
Yo solo río mientras niego divertida con la cabeza. Me tumbo
en la cama a la vez que le doy golpecitos al colchón para que se coloque a mi
vera. Nos quedamos mirando al techo, callados, cada uno sumido en sus propios
pensamientos. Hasta que notamos que nuestros ojos se van cerrando y apoyo mi
cabeza en su pecho.
-Buenas noches Oli.
-Buenas noches Lena.
Capítulo 5
Pi, Pipi, Pi, Pipi.
El molesto pitido de mi despertador suena puntualmente en mi habitación como todas las
mañanas. Intento moverme pero hay un cuerpo a mi lado que me lo impide, Oli.
Los recuerdos del día anterior se abalanzan sobre mí como Atila sobre ¿Los
Bárbaros? Definitivamente más me vale ponerme a estudiar Historia ya. Miro la
apacible cara de mi amigo y sonrío al ver como incluso durmiendo sigue teniendo
ese aire encantador aunque algo más aniñado, que provoca que haya tenido tantas
novias que he perdido la cuenta. Sé que tiene el sueño pesado así que al
principio con pesar que se va convirtiendo en diversión, cojo el vaso de agua
que se encuentra en mi mesilla de noche, ya de paso apago el despertador el cual me estaba volviendo
loca, y le tiro su contenido encima. Río mientras veo cómo levanta con rapidez
la cabeza de la almohada a la vez que pestañea con dificultad y balbucea cosas
incomprensibles con cara de desconcierto, a estas alturas ya me encuentro
tirada por el suelo riéndome como hace tiempo que no lo hago.
-¿Terminaste ya de reírte
de mí?- Dice sentado en el borde de la cama y de brazos cruzados.
-Cre…Creo que sí….Espera,
no- Y vuelvo a estallar en carcajadas- Ahora si- Afirmo a la vez que me limpio
las lágrimas que escaparon de mis ojos minutos atrás.- En fin, me voy a la
ducha, cuando termines de vestirte, baja a desayunar, tú como en tu casa.
-Si, Si. Venga a la ducha
cochina- Se burla de mí mientras se tapa la nariz con su mano.
Yo niego con la cabeza, le
saco la lengua y corro por el pasillo con mi ropa debajo del brazo para llegar
al baño antes de que una sola réplica salga de su boca.
Mientras me desvisto no
puedo evitar no mirar mi cuerpo reflejado en el espejo del baño y fijarme en
cada uno de mis defectos; esa barriga quizás más rellenita de lo que debería,
mis vulgares y nada llamativos pechos y mi baja estatura hacen aflorar de nuevo
mis inseguridades y me pregunto:¿Cómo puede haber canciones que te convencen de
que no importa como seas, que cada una de las personas valemos más que
cualquier comentario y, que por lo menos en mi caso, un comentario haga que
todo eso que dicen esas canciones caiga en el olvido? Sacudo la cabeza para
salir de mi pequeño trance y me meto en
la ducha. Al poco rato puedo notar como el agua caliente abre cada uno de los
poros de mi piel, me relajo y dejo de pensar por un momento.
Me estoy vistiendo con mis
inseparables vaqueros y mi holgada
camiseta básica blanca, cuando recuerdo que debo contarle a la persona, que
debe estar atracando mi nevera ahora mismo, todo lo que me ha estado pasando
estos días, desde el extraño señor X que se presentó en mi casa el otro día,
hasta la nota encontrada en el alféizar de mi ventana.
Salgo del baño con el
cabello aún húmedo y me dirijo a mi habitación; recojo la mochila del suelo y
me la cuelgo con agilidad sobre mi hombro y guardo la nota que reposaba sobre
mi escritorio en el bolsillo trasero de mi pantalón. Una vez lista, bajo dando
saltos hacia la cocina.
-¿Listo?
- Si, ¿Tu no
desayunas?-Dice con el ceño fruncido.
-Me tomo una manzana por
el camino. Venga apura que no llegamos.
Caminamos uno al lado del
otro en silencio, solo con el sonido de fondo de cada uno de los mordiscos que
le doy a mi manzana. Hasta que recuerdo algo.
-Por cierto, mira lo que
encontré en mi ventana hace dos noches.- Y saco la nota de mi bolsillo y le voy
contando la historia desde el principio.
-¿Tú crees que tu madre te
ha vuelto a mentir?
-Ya no sé qué creer y la
nota me confunde aún más.
-¿Cómo dijiste que era
físicamente el señor que entró en tu casa?
-No te lo dije, no lo vi.
Pero tenía la voz muy… fría.
-Creo que sé dónde podemos
ir a buscar información.
-¿Dónde?-Interrogo yo con
curiosidad.
-Al orfanato de tu
hermana.
-No creo que sea capaz de
mirarle a la cara después de lo que pasó con mi madre.
-Tu madre te lo escondió,
tú no tienes la culpa.
Ya estábamos en el
instituto, asique le hice un gesto a Oliver para que callase.
-Hablamos luego- Me
despedí de él con un beso en la mejilla y corrí hacia Deb. Pero a mitad de
camino vi que había alguien con ella. ¿Ashton? ¿No me dijo que me alejara de
él? No entiendo nada.
(Bueno, siento que este
capítulo es algo corto… Pero bueno, no estaba muy inspirada. Espero que os haya
gustado y que me comentéis vuestra opinión. ¿Qué creéis que encontrarán Oliver
y Lena en el orfanato? ¿Y qué tiene que ver el orfanato con ella? ¿Y su hermana
qué pinta en todo esto? ¿Cuál es vuestra opinión de Debbie y Ashton? Hasta la
próxima. Un beso mis pequeños y escasos lectores. Ana <3)
Siguieeenteeeeee :-(
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