martes, 25 de noviembre de 2014

Capítulo 22 /Look after you

El camino a casa se me hizo eterno, más por el silencio que inundaba el coche que por la incertidumbre de lo que me esperaría al llegar a casa. Mi madre conducía firmemente el enorme coche -aunque según mi punto de vista podría pasar por un tanque- sin despegar la mirada de la carretera, sus manos sujetaban con fuerza el volante entretanto, su boca, repleta de elegante carmín granate, se fruncía. Espero que el pintalabios no esté manchando por fuera de su boca, eso sí que sería una desgracia.
Mi madre aparcó el coche enfrente de nuestra casa y yo bajé pitando. Yo caminaba delante seguida por mi madre, quien intentaba seguir inútilmente mi ritmo. ¿No le había dicho el médico que no usara tacones?
En cuanto entramos a la casa, la primera orden salió de su boca.
-Dirígete a salón, ya.
Una vez allí me senté en la acolchada silla de felpa. Desde que era un bebé había sido mía, no literalmente, pero era de esos objetos que forman parte de tu vida casi tanto como cualquier familiar, los empiezas a usar como rutina, hasta tal punto que luego te sientes vacío sin ellos; hay niños que sienten cariño de este tipo hacia un peluche, yo reflejé mi cariño en una silla. La toqué con los dedos, había perdido suavidad con el paso de los años, pero al mismo tiempo, el tacto y la sensación era la misma.
Mi madre entró, erguida, en la habitación. Se había cambiado sus valiosos zapatos de tacón por unas horteras pantuflas, sin embargo el porte, no cambiaba.
-¿Qué hacías en ese bar?- Preguntó a bocajarro.
“Esa es mi madre, igual de directa que su hija”- Dijo me subconsciente divertido.
-Nada. Estaba sentada en la puerta con mis amigos.- Me encogí de hombros dando por terminada la conversación.
-Siéntate ahora mismo, señorita.- La advertencia era clara en su voz, así que sin rechistar le hice caso.- Cuéntame ahora mismo qué hacías en ese bar, no me hagas repetírtelo.
Callé.
-Contéstame.- Demandó.
-Trabajar.- Contesté con un hilillo de voz.
La cara de mi madre fue épica: Boca desencajada, ojos abiertos de par en par… temí seriamente que se escapara alguna lentilla de sus ojos.
-¿Trabajas en la calle?- Consiguió articular.- ¿Vendes tu cuerpo?
La cara épica pasó del rostro de mi madre al mío.
-Mamá, -Dije lentamente para que me entendiera, como si estuviera hablando con un niño pequeño.- Trabajo de camarera. Ca-Ma-Re-Ra. El sitio dónde estaba sentada es el bar de Bob, aún no había abierto, así que lo estábamos esperando. El local no es muy bonito, pero la verdad es que me encanta trabajar ahí, la gente es estupenda; somos como una familia. Hace poco conocí a Arthur, es nuevo, y gay. No veas qué risa cuando se lo dije a una de las cocineras porque…
-¡Adam!- El grito de mi madre llamando a mi padre llegó a Cancún.
Al cabo de unos segundos, un hombre alto y delgado entró en la habitación. Las gafas, colocadas en la punta de su nariz me indicaron que estaba trabajando. Y mi padre odia que lo interrumpan cuando trabaja.
-¿Qué pasó, Stephanie? ¿A qué vienes esos gritos?
-Siéntate, haz el favor. No te vas a creer lo que me ha dicho Bridget.
Papá me miró y con un suspiro instó a mi histérica madre a que continuara hablando.
-… Y no sólo eso, sino que debe llevar trabajando…¿Cuánto? ¿Cinco meses? Y dice que son una familia. Algo así como la casa de la pradera. No entiendo por qué lo hace, Adam. Tenemos dinero y aún así la niña se pone a trabajar. Aún es muy joven.
Durante el discurso de mi madre me limité a observar los cordones de mis converse como si fueran la cosa más extraordinaria que he visto jamás.
-Bridget.- Habló ahora mi padre.- ¿Por qué lo haces? Y quiero la verdad.
Miré a los profundos ojos azules de mi padre.
-Bi.- Dije simplemente.
-¿Cómo has dicho?- Cuestionaron mis padres.
-Os llevo diciendo desde los 8 años que no me gusta nada que me llamen Bridget. Que quiero que me llaméis Bi. Pues bien, en el sitio al que trabajo desde hace casi dos años, solo se lo tuve que repetir una vez. Ahí tienes la verdad, ellos se preocupan de cómo me siento, de si necesito ayuda… se interesan por mí. –Las palabras se escurrían por mi garganta sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo.- En cambio, llego a casa y lo que encuentro es, a una señora y a un señor que no tienen el tiempo ni para aprenderse el nombre de su hija.
Después de mi divino monólogo, me levanté sin permiso y me dirigí a dónde debería estar: Al bar de Bob.


-¿Le soltaste todo eso?- Arthur me miró escandalizado, haciéndome dudar de si hice lo correcto o no.- ¿Estás loca?
-Ni caso. –Ness le quitó importancia con la mano.
Lee le dio la razón.
-A mí me parece que estuviste estupenda.- Dijo dedicándome una sonrisa y pasándome la nota de la mesa tres.
-No lo sé. Creo que fui un poco cruel. Al  fin y al cabo son mis padres- La conciencia empezó a aparecer y mi estado de “Bi, la revolucionaria” poco a poco se iba desvaneciendo. Bob, que había estado callado todo el tiempo, intervino en la conversación.
-A veces, los padres estamos equivocados. Eso no significa que no queramos a nuestros hijos pero necesitamos darnos cuenta de que estamos haciendo algo mal, y el modo de darnos cuenta de nuestros fallos es que los niños expongan sus pensamientos e ideas.
Todos le dieron la razón. Quizá la tenga.




(¡Huolas! Bueno, este es el capítulo 22 de #LookAfterYou. No subí capítulo antes básicamente porque no me apetecía, es decir, nadie da señales de vida, no sé si hay alguien que me lee o nadie lo hace. Así que, el rollo de subir me lo tomo con calma. Espero que os haya gustado este capítulo. Yo, personalmente, disfruté mucho escribiéndolo. ¿Qué pensáis que pasará con los padres de Bi? ¿Y qué será de Luke? ¿Y de la propia Bi? ¿Le obligarán sus padres a dejar el bar de Bob? En fin, muchos besos, gracias por leer y hasta la próxima, mis pequeños lectores. Ana <3 ) 

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