Sorprendentemente un leve quejido de dolor fue mi despertar
a la mañana siguiente aunque mayor fue mi sorpresa al ver a Luke retorciéndose
de dolor en el suelo de su piso con ambas manos alrededor de su miembro.
-Mm…Luke, ¿Qué haces en el suelo?
-Nada, todas las mañanas me gusta retorcerme un rato por
aquí, ya sabes, no hay mejor despertar que ponerse a hacer la croqueta después
de haberme acostado con alguien.
Le miré a los ojos fijamente con cara de pocos amigos. Me
miró de forma angelical.
-Y tú hobbie por las mañanas deber ser pegar patadas. Pues
déjame decirte que lo haces de lujo. ¿Fuiste a Karate o algo?- Se incorporó
lentamente y se sentó en la cama dónde yo seguía tumbada.
Le miré horrorizada. ¿Le había pegado una patada? Y yo que
siempre había presumido de ser pacífica… aunque claramente Luke fue siempre la
excepción.
-No. Dios lo siento. ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
-¿Un masaje?
Me acerqué a él y le comencé a masajear lentamente la
espalda. Una sonrisa ladeada apareció en sus labios.
-Bebé, ahí no me has golpeado.
Rápidamente mis mejillas se tiñeron de bermellón. En cambio,
Luke sólo me acercó a él y me besó, una y otra vez. Como si fuera nuestro
último día juntos. Me separé lentamente de él.
-Tengo que ir a cambiarme.- Susurré sobre sus labios.
Me enrollé, ante la intensa mirada de Luke, la sábana
alrededor de mi cuerpo y empecé a recoger mi ropa pieza por pieza, cada cual en
un sitio más raro.
-Bridget.- Dijo, serio.
-¿Si?- Terminé de recoger la última prenda de ropa y le miré
interrogante.
-¿Qué día es hoy?
-Diecisiete.
-No, me refiero a día de semana.
Se me abrió la boca hasta el suelo.
-¡Lunes! ¡Luke, vamos! ¡Tenemos instituto!
Creo que ese fue uno de mis grandes momentos con Luke; ese
día le obligué yo misma a que cogiera la moto, también fue el primer día que
fui al instituto sin desayunar nada y con ropa sucia, y el primer día que me di
cuenta de que eso era Luke; Luke fue mi primer enemigo, mi primer amor, mi
primera vez… en todos los sentidos. También fue el chico que me acompañó en mi
hora de castigo por llegar tarde.
-Así que… ¿Lo hicisteis?
-¡No me lo puedo creer!
-¿Pero no se odiaban?
-Está claro que no. Del amor al odio…
-Sólo hay un paso.
-Pues menudo paso, más bien es un salto. Un salto de canguro.
Me estaba volviendo loca. Arthur, Lee y Ness discutían mi situación
sentimental mientras yo los miraba mosqueada. Estábamos sentados en la puerta
esperando a que Bob apareciera para abrir el bar, y ponernos a trabajar de una
santa vez y que las cotorras también llamados “amigos” se callaran. Parecía que
hacía años que no venía al bar, cuando fueron solamente tres días, de alguna
manera, echaba de menos todo esto.
Una señora pasó a nuestro lado y me miró curiosa. Mis
no-amigos seguían discutiendo a voz en grito.
-¿Cómo se llamaba? ¿Luigi?
-Luke.
-¡Eso!
-¿Te dolió?
-Claro que le dolió, a mí me dolió.
-¡Pero si estabas tan borrachas que ni te acuerdas!
-Da igual. Estoy segura de que me dolió.
-Ssh.- Les callé. Cada vez más personas se nos quedaban
mirando- Hablad más bajo. Y sí, me dolió.
Ness le lanzó una triunfante mirada a Lee, quién miró hacia
otro lado disgustada. Arthur, por la contra me miraba inquisitivamente, como si
yo fuera una amenaza para el país.
-¿Qué miras?- Dije, ya algo molesta.
-Te noto igual. No pareces diferente.
Me eché a reír y pronto me acompañaron los demás. Sentados
en suelo, a la puerta de un bar de poca monta, debíamos parecer un genuino
grupo de indigentes. Aunque la risa se
nos terminó en seguida en cuanto vi pasar un coche negro particularmente
conocido, y de él bajó alguien aún más conocido. Mi madre. Estoy en problemas.
(LosientoLosientoLosiento. No tengo excusa ninguna para
tanta tardanza salvo que no estaba inspirada y que soy una vaga. Siento esta
mierda de capítulo e intentaré subir antes de la semana que viene alguno,
porque es la de exámenes y cómo no lo haga… buff. En fin, espero que os haya
gustado esta mierdita de capítulo y nos vemos en la próxima (espero que pronto).
Muchos besos mis pequeños lectores y gracias por leer. Ana <3 )
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